Agárrame

Ahí estaban, de pie en medio de la cocina. Con el torso desnudo y la sensación de libertad y placidez que otorga despertarse un domingo por la mañana. Acarreando la pereza de vestirse para – acto seguido – decidir inconscientemente que con los calzoncillos ya es suficiente para andar por casa. Mirándose de reojo.
Sonriendo. Preparando el desayuno y recordando las sensaciones de un encuentro fortuito que terminó por erizarles la piel. Buscándose de nuevo con la mirada al menor descuido, con cualquier gesto que se cruzara con la intención del otro. Hasta que Ricard volvió a rozarle la mano a Joan para coger la mermelada.

Leer másAgárrame