Por muchos más

Ese día Lucía se levantó rápido de la cama, nada más despertarse, igual que siempre. Fue a la universidad con el piloto automático encendido y sorteando todos los coches del atasco. En menos de quince minutos ya había llegado y dejó la moto en el primer lugar libre que encontró.

Llegó a clase un poco tarde, pero le dejaron entrar igualmente, como siempre. Se sentó más bien hacia el final y no sacó nada de la mochila. Saludó a sus amigos con la mirada y una sonrisa y se quedó ahí, de cuerpo presente, donde debía estar. Después de escuchar la primera frase sobre el planteamiento de un caso que más tarde el profesor les propondría defender teniendo en cuenta el Código Penal, el ruido de fondo se desvaneció. Los pensamientos de Lucía empezaron a evadirse inevitablemente hacia otros lugares ya conocidos. Era viernes.

Por la tarde sonó el teléfono. Un par de minutos después había quedado con sus amigas de siempre para ir de compras. Salió de la universidad y se fue a su encuentro directamente sin pasar por casa, ese lugar que apenas pisaba más que para cenar y dormir (y no siempre). Al rato apareció su hermana y se fueron todas juntas a tomar unas cañas. Empezaron a circular y chocar los vasos mientras bromeaban sobre cualquier cosa. Era el cumpleaños de Lucía y con la excusa de invitarles a otra ronda, se alargaron un poco más hasta que se les hizo de noche sin darse cuenta.

Justo cuando Lucía planteó su intención de emprender la retirada, su hermana sacó el móvil:

  • «Espera un momento, Lucía. Quería enseñarte un vídeo…», le dijo para retenerla.

Para sorpresa de Lucía, era un vídeo furtivo, editado expresamente para la ocasión. Empezaron a sucederse un montón de recuerdos por su cabeza al ver esas imágenes grabadas a escondidas y mezcladas con otras rescatadas de las profundidades de algún disco duro de las allí presentes. Todos esos instantes se intercalaban con breves vídeos mientras sonaba su música, sus canciones. Se le saltaron las lágrimas, no pudo esperar a que terminara el vídeo para abrazarlas:

  • «¡¡Felicidades, guapa!!», gritaron prácticamente todas al unísono, aunque sus voces dejaron de escucharse entre tanto abrazo.
  • «Vamos a celebrarlo. ¡No puedes irte a casa ahora!», dijo una de ellas.

Lo que parecía improvisado por las ganas de que siguiera la fiesta, en realidad, ya estaba planeado. Pero Lucía no tenía ni idea de lo que le esperaba. Aprovecharon los tops que se habían comprado esa misma tarde, se cambiaron de ropa en un abrir y cerrar de ojos y se fueron todas de cabeza a un concierto que ofrecían por la noche en el Camp Nou. Era un concierto multitudinario en el que iban a tocar varios grupos distintos, algunos de sus favoritos, por una causa solidaria. Entraron y enseguida se mimetizaron con el ambiente ensordecedor. Se dejaron llevar por la música y la magia de esa noche imprevisible. Junto a sus amigas podía ocurrir cualquier cosa, eran unas profesionales de las sorpresas.

Lucía, con la ingenuidad que la caracteriza, no tenía ni la más ligera sospecha. Uno de sus sueños desde siempre había sido ser actriz, pero las cámaras le daban pánico. Por eso le vendaron los ojos momentáneamente, para mantener mejor el suspense.

De repente, mientras esperaban a que saliera el siguiente grupo al escenario, un locutor tomó la palabra y, después de agradecer a todo el mundo por estar allí y haber decidido apoyar la causa, cambió de tema sin previo aviso:

  • «Y ahora, nos gustaría saludar a una persona que está entre el público… Alguien que justamente hoy… ¡cumple años! ¡Felicidades, Lucía!», exclamó el locutor mientras el mensaje se difundía a través de todos los altavoces del estadio.

Y le quitaron la venda de los ojos. En ese mismo momento, se vio a sí misma proyectada en la macropantalla del estadio con la boca abierta y sin saber hacia dónde mirar. Alguien se acercó a ella con un micrófono y le animó a que se presentara y enviara un saludo a toda la gente. Sin saber qué hacer y con la incredulidad a flor de piel, Lucía balbuceó algo. Pero más bien fue hacia su interior.

Intentó responder, pero no le salían las palabras. Sonreía de la emoción mientras una de sus amigas la agarraba fuerte de la mano. La cámara invisible no paraba de enfocarla y ella solamente quería desaparecer de allí. Hasta que su deseo se hizo realidad, y se despertó sobresaltada.

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