Por muchos más

Ese día Lucía se levantó rápido de la cama, nada más despertarse, igual que siempre. Fue a la universidad con el piloto automático encendido y sorteando todos los coches del atasco. En menos de quince minutos ya había llegado y dejó la moto en el primer lugar libre que encontró.

Llegó a clase un poco tarde, pero le dejaron entrar igualmente, como siempre. Se sentó más bien hacia el final y no sacó nada de la mochila. Saludó a sus amigos con la mirada y una sonrisa y se quedó ahí, de cuerpo presente, donde debía estar. Después de escuchar la primera frase sobre el planteamiento de un caso que más tarde el profesor les propondría defender teniendo en cuenta el Código Penal, el ruido de fondo se desvaneció. Los pensamientos de Lucía empezaron a evadirse inevitablemente hacia otros lugares ya conocidos. Era viernes.

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